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Terremoto en Liverpool: Dimisión de Michael Edwards y Reorganización en FSG

El proyecto deportivo de Liverpool entra en otra fase de sacudidas internas. Michael Edwards, figura clave en la construcción del modelo moderno del club y actual director ejecutivo de fútbol de Fenway Sports Group (FSG), ha presentado su dimisión y abandona su cargo de inmediato, pese a tener todavía un año de contrato.

Su salida no es un movimiento menor. Es el hombre que, como director deportivo bajo el mando de Jürgen Klopp hasta 2022, ayudó a transformar la estructura futbolística del club y a armar el equipo que acabaría conquistando la Premier League en 2025. Regresó en 2024, ya no para dirigir el día a día de Liverpool, sino para liderar la ambición de FSG de adquirir un segundo club. Ese plan, de momento, ha encallado.

FSG llegó a estudiar más de 20 entidades, entre ellas el histórico Bordeaux francés y el Málaga español. Ninguna operación cristalizó. El proyecto de ampliar la cartera de clubes se fue enfriando hasta quedar aparcado a comienzos de este año. Y ahí se rompió la cuerda.

Edwards, frustrado por la falta de avances reales en esa expansión, decidió irse. Desde Estados Unidos, la propiedad intentó convencerle para que continuara, pero no lo logró. En un comunicado, FSG presentó la marcha como “la culminación de una transición planificada tras la finalización de prioridades estratégicas clave”. La versión interna es menos pulida: el ejecutivo ya no veía recorrido en la misión para la que había vuelto.

El vacío que deja Edwards obliga a un cambio inmediato en el reparto de poder. Mike Gordon, presidente de FSG y figura históricamente influyente en las grandes decisiones deportivas del club, asumirá un papel mucho más directo en la gestión cotidiana de Liverpool. Menos despacho en Boston, más mano sobre el timón rojo.

Todo esto llega en un verano que ya olía a transición en Anfield.

Arne Slot, que había asumido el banquillo tras la era Klopp, ya ha sido reemplazado por Andoni Iraola, después de su etapa en AFC Bournemouth. Un relevo en el área técnica que obliga a redefinir ideas, jerarquías y vestuario. Y tampoco está despejado el futuro del director deportivo Richard Hughes, el hombre que eligió precisamente a Iraola y cuyo contrato termina en 2027. Su nombre se ha vinculado con fuerza a Al Hilal, uno de los gigantes de la Saudi Pro League, y su continuidad a largo plazo está bajo sospecha.

Es decir: se marcha el arquitecto del modelo, se reconfigura la cúpula de FSG, cambia el entrenador y el director deportivo vive rodeado de rumores. El club que hace poco levantaba la Premier como símbolo de planificación y estabilidad se asoma ahora a un periodo de redefinición profunda.

Edwards se despidió con elegancia, fiel a su estilo discreto. “Ha sido un privilegio volver a Fenway Sports Group y a Liverpool Football Club en un momento tan importante”, afirmó. Aseguró que deja al club “en una posición fuerte, con gente extraordinaria, una dirección clara y los cimientos preparados para seguir teniendo éxito”.

También dejó claro qué le sedujo para regresar y qué se ha torcido por el camino: la posibilidad de guiar a Liverpool en una etapa de transición y, al mismo tiempo, dar forma a las ambiciones futbolísticas globales de FSG. Ese segundo eje, el de la expansión multiclub, “evolucionó de forma diferente a como habíamos imaginado”, admitió. Aun así, reivindicó el trabajo realizado al presentar a la propiedad “un amplio abanico de opciones bien desarrolladas” para el futuro.

No hubo reproches públicos. Sí agradecimientos: a Mike Gordon, a John Henry, a Tom Werner, a todo FSG, al club y, sobre todo, a la afición, “cuya pasión hace a este club tan especial”. Cerró con una frase que pesa: siempre se sentirá parte de la historia de Liverpool.

La pregunta es qué capítulo viene ahora. Con Iraola al frente del banquillo, Gordon ganando peso en la sala de decisiones y la figura de Hughes rodeada de incógnitas, Liverpool entra en una etapa en la que la estructura será tan vigilada como el rendimiento en el césped. En un club que ya sabe lo que es reconstruirse desde dentro, la próxima gran victoria quizá no se juegue en el área rival, sino en los despachos.