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Tillman, Aaronson, Robinson y Pepi: Temporadas decisivas en el fútbol

Tillman, Aaronson, Robinson y Pepi: cuatro veranos raros, cuatro temporadas por definir

Tillman, del 10 de seda al 8 de hierro

Malik Tillman salió del Mundial convertido en otra cosa. No en el mediapunta fino que deslumbró en PSV, sino en un interior moderno, agresivo, moldeado por Mauricio Pochettino como un auténtico motor de presión y progresión de balón. El técnico argentino hizo lo que dos entrenadores de Bayer Leverkusen no habían conseguido: reinventarlo.

El talento nunca desapareció. Ahí quedan dos tiros libres memorables, ya instalados en la historia reciente de la USMNT. Pero el contexto de club se ha torcido. El Leverkusen al que llegó hace 12 meses era un campeón de Bundesliga, con aura de equipo de Champions y el eco todavía fresco de haber destronado a Bayern. El de ahora es otra cosa: un bloque tocado, castigado por una temporada gris que lo dejó relegado a Europa League.

Tillman tampoco ayudó a cambiar el guion. Seis goles y una asistencia en toda la campaña con los alemanes es una cifra pobre para un jugador llamado a marcar diferencias. Demasiado poco impacto para un futbolista que venía de un Mundial notable.

Por eso este curso se le presenta como un punto de giro. Nuevo entrenador, nueva idea, quizá nueva vida. Carles Martínez Novell aterriza tras cuatro años sacando petróleo de un Toulouse modesto. Perfil emergente, fútbol valiente, obsesión por avanzar metros con balón. Encaja con Tillman, ya sea como interior tipo Pochettino, box to box, o como mediapunta clásico, ese 10 de toda la vida al que se le permite aparecer entre líneas y girar partidos.

Hay hueco para él. Y el calendario le tiende la mano: un estreno liguero ante Elversberg, recién llegado a la Bundesliga, es el escenario perfecto para que el estadounidense empiece a reescribir su historia en Alemania. Si no despega ahora, ¿cuándo?

Aaronson, la energía que pide números

Brenden Aaronson siempre deja algo. Corre, presiona, se ofrece, se sacrifica. Es de esos futbolistas que agotan al rival y, a veces, también al espectador que espera el último pase, el disparo, el desequilibrio definitivo. Porque su entrega no se discute, pero sus números sí.

A sus 268 partidos de liga, el balance es claro: 33 goles, 31 asistencias. Correcto. Nada más. Para un jugador con su volumen de juego y su presencia constante en tres cuartos, parece poco.

Sin embargo, ha ganado algo todavía más difícil que una estadística redonda: la confianza total de Daniel Farke en Leeds. Sobrevivió a momentos delicados en su etapa en Leeds y hoy se perfila como titular indiscutible en el sistema del técnico alemán.

Su debut de temporada lo explica bien. Actuación limpia, intensa, pegado a la banda izquierda en el 1-0 ante Nottingham Forest. No generó ocasiones claras, pero dejó una hoja de servicio muy suya: siete acciones defensivas, 14 sprints completados, seis recuperaciones. Trabajo invisible, pero imprescindible.

El dilema de siempre vuelve a escena: ¿hasta qué punto basta con eso? Leeds ha incorporado a Harry Wilson para el costado derecho, una pieza sólida que debería descargar a Aaronson de parte de la responsabilidad creativa. Aun así, el equipo sigue necesitando chispa en el último tercio, un golpe de calidad extra, sobre todo ante un Brentford ordenado y difícil de desarmar.

La energía de Aaronson está garantizada. Lo que se le exige ahora es algo más incómodo: que sus carreras se traduzcan en goles y asistencias. Que las estadísticas empiecen a parecerse al esfuerzo.

Robinson y el caos controlado de Arbeloa

El debut de Álvaro Arbeloa al frente de Fulham fue un torbellino. Derrota 3-2 ante Chelsea, sí, pero con un equipo desatado en ataque, plagado de talento joven y de futbolistas que piden balón y riesgo. Justo el tipo de ecosistema que el técnico no supo manejar en el vestuario de Real Madrid, pero que aquí parece encajarle como un guante.

Antonee Robinson es pieza clave en ese caos controlado. Arbeloa quiere laterales agresivos, lanzados, casi extremos encubiertos. Y el estadounidense vive de eso: correr, romper por fuera, ofrecer líneas de pase, poner centros y filtrar balones. Frente a Chelsea, un dato lo resume: dio más pases rompelines que el propio extremo zurdo, César Palacios.

El problema estuvo en el otro lado del balón. Fulham perdió. Y Cole Palmer convirtió la banda de Robinson en una zona de castigo constante. Exhibición del atacante, noche sufrida del lateral, que casi nunca logró ajustar distancias ni temporizar sus entradas.

Ahora Robinson necesita un partido de redención defensiva. Y aparece Sunderland en el horizonte, un rival tan extraño como peligroso. Los Black Cats se colaron de forma improbable en Europa la pasada temporada y deberán dosificar esfuerzos ante una Europa League que promete ser exigente. Perfil de equipo vulnerable, con la mente en varios frentes, ideal para que Fulham castigue por fuera… si su lateral consigue equilibrar sus subidas con algo más de solidez atrás.

Arbeloa quiere anarquía arriba, pero no puede permitirse grietas permanentes en su propio carril. Robinson camina sobre esa delgada línea.

Pepi, el goleador que aún espera su gran salto

Ricardo Pepi llegó al Mundial con la etiqueta de posible titular y se marchó con una losa: cero goles, cero asistencias en unos 200 minutos. Para un delantero al que se le apuntaba como candidato a gran revelación del torneo, el golpe fue duro.

Su 2024 ha seguido un guion extraño. En enero, los rumores lo situaban a un paso de la Premier League. Una fractura de brazo frenó la operación. Volvió, marcó goles con PSV, demostró que el instinto seguía intacto, pero ese “nuevo nivel” que parecía al alcance no terminó de materializarse en forma de traspaso este verano.

Hoy, pese a todo, Pepi sigue siendo la referencia ofensiva de PSV. El club tiene que defender el título liguero y afrontar una Champions exigente. Necesita a su ‘9’ enchufado, sin dudas, sin mirar de reojo al mercado.

La buena noticia: ha marcado en sus dos últimos partidos y suma ya dos tantos en tres jornadas de liga. La sensación, sin embargo, es la de un futbolista que corre en una cinta de gimnasio: se mueve, se esfuerza, pero no termina de avanzar hacia ese escalón superior que todos le proyectan.

Ahora llega Utrecht al Philips Stadion. Partido doméstico, teóricamente asequible, de esos que construyen rachas y confianza. Si Pepi mantiene la puntería y convierte su buen inicio en hábito, PSV tendrá mucho terreno ganado en la defensa del título.

Y entonces la pregunta dejará de ser si está listo para un salto mayor, y pasará a ser cuándo y hacia dónde dará ese salto.