Mourinho regresa al Real Madrid con victoria agónica
José Mourinho volvió al banquillo del Real Madrid 13 años después y su segunda etapa empezó exactamente como le gusta: con drama, tensión y un gol en el 90’. Un 2-1 agónico en el campo del Espanyol que no borra dudas, pero sí marca territorio.
El héroe no fue Kylian Mbappé. Tampoco Vinicius Junior ni Jude Bellingham. El nombre que decidió la noche fue Carlos Espi, uno de los fichajes menos rimbombantes del verano blanco, que apareció en el momento de mayor nerviosismo para rescatar dos puntos que parecían escaparse.
Bellingham abre la era Mourinho (II)
Mourinho no se guardó nada en su estreno liguero. Alineó de inicio a Mbappé, Vinicius y Bellingham, con Bernardo Silva, Denzel Dumfries e Ibrahima Konaté también debutando en un once que destilaba poderío y presión a partes iguales.
Bellingham, al que el técnico portugués colocó como mediapunta con absoluta libertad, respondió pronto. Después de un inicio de partido en el que se ofreció, giró, tocó y mandó, el inglés firmó el primer gol de la nueva era: cabezazo certero a un peligroso centro de falta lateral de Arda Güler. La primera gran señal de vida del proyecto.
El inglés llegaba de un curso brillante en su aterrizaje en el club, seguido por dos temporadas grises para él y para un Madrid que se quedó sin grandes títulos. Mourinho quiere reconstruirlo como líder y el mensaje táctico fue claro: balón, área y responsabilidad.
Espanyol golpea y el Madrid se atasca
El gol no anestesió al Espanyol. Al contrario. El equipo local empezó a encontrar espacios y a probar a Thibaut Courtois. Primero, con un disparo potente de Clemens Riedel que el belga repelió con firmeza. Poco después, Roberto Fernández rozó el empate con un remate que se marchó por encima del larguero.
El aviso no despertó al Madrid. Y lo pagó. En el minuto 30, una buena jugada colectiva del Espanyol terminó en el 1-1: Javi Hernández llegó a línea de fondo y puso un pase atrás preciso que Alex Calatrava mandó a la red con calma y precisión. El estadio se encendió. El equipo de Mourinho, no tanto.
Mbappé tuvo una ocasión clara antes del descanso, cazando un desmarque a la espalda por el costado derecho del área, pero se topó con un Marko Dmitrovic muy atento. El francés, máximo goleador de LaLiga en sus dos temporadas anteriores con el club, no encontró su filo habitual. Llegó, pero no remató como acostumbra.
Banquillo de lujo y final de guion
Con el partido enredado y el Espanyol cada vez más cómodo defendiendo cerca de su área, Mourinho movió el banquillo con peso. Entraron Yan Diomande, fichaje récord del club, y Marc Cucurella para los últimos 25 minutos. Más piernas, más balón, más centros. Faltaba el remate.
Federico Valverde estuvo a centímetros de desatascar el duelo con un disparo raso desde la frontal que besó el exterior del poste. Ese sonido de metal heló al Madrid y encendió al Espanyol, que se agarró al partido con todo, defendiendo el área con una mezcla de orden y pura resistencia.
Parecía que el empate se imponía. El reloj se acercaba al 90’ y el Madrid chocaba una y otra vez contra la zaga local. Hasta que la pelota quedó suelta en el área. Y ahí apareció Espi.
El exdelantero del Levante, el fichaje de perfil más bajo entre tanto nombre estelar, cazó el balón dividido dentro del área y fusiló a Dmitrovic. Gol seco, directo, liberador. 2-1 en el minuto 90. Mourinho apretó los puños. El banquillo estalló.
El Madrid se llevaba tres puntos que pesaban mucho más que una simple victoria inaugural.
Un aviso a la Liga… y al vestuario blanco
Más allá del marcador, el contexto rodea cada paso de Mourinho. Llega para apagar el incendio del vestuario tras una última temporada caótica y para desafiar la hegemonía doméstica del Barcelona, vigente campeón. El once inicial, repleto de estrellas y caras nuevas, fue una declaración de intenciones.
No todo funcionó. El equipo concedió ocasiones claras, se atascó durante fases largas y dependió de un rebote en el área en el último suspiro. Pero el mensaje quedó lanzado: este Madrid, con Mourinho otra vez al mando, no se resigna ni cuando el reloj le da la espalda.
En el resto de la jornada, Sevilla se impuso 3-1 en su visita al Athletic Bilbao, mientras que Valencia y Celta Vigo firmaron un 0-0 sin historia. La Liga apenas empieza, pero ya tiene su primera imagen de impacto: Mourinho celebrando un gol en el 90’, como si nunca se hubiera ido.





